"- estoy cansada, y quiero dormir.
- si lo entiendo, pero si te tiendo la cama vendrás a dormir?
- no, no iré..."
Me gustan las camas con personalidad,
las camas tendidas son como las revistas de arquitectos,
todo en su lugar, todo está perfecto, todo se ve bien, no tienen vida, son irreales.
Me gustan las camas que se convierten en mi nido,
desordenado con cobijas y almohadas alborotadas, hecho a mi manera,
con su propia personalidad, en la que puedo estar tirada en cualquiera de sus esquinas.
Me gustan las camas donde pueda dejar caer mi cuerpo,
y sentir la irregularidad de las cobijas destendidas.
Duermo con los pies abrazados a la cobija,
con el tronco descansando en la sábana,
y con mi cabeza en una almohada suave.
A mi cama la puedo abrazar para descansar, llorar, pensar, leer, ver tele o la abrazo porque quiero abrazarla.
Mi cama tiene dos cobijas, una es peluda y pesada, la otra suavecita, tan suave que acaricia mi cuerpo en las noches de pisco, un edredón y cuatro almohadas, dos almohadas suaves, otra un poco mas dura, y la otra termino medio, es matrimonial, y por lo general no esta tendida, solo cuando me siento con ganas de tratar ser perfecta.





