Ese día ...

Abrí la puerta de la casa, miré mi cuarto, se encontraba desordenado, la cama destendida y las almohadas apuñadas,
Abrí la puerta y me tiré encima de la montaña de cobijas, lloré, grité, maldije y di gracias a Dios.

Me bañé con mucho jabón, restregaba duro por todo mi cuerpo,
mis lágrimas se confudían con el agua caliente que caía,
trataba de lavarme todo el dolor que sentía, pero fue inútil el dolor permanece,
salí y el color rojo de mis ojos parecía ser causa del shampú.

Abrí la puerta, busqué ese pantalón con olor a guardado, una blusa y los zapatos negros, no había otro color, estaba de luto.

Ví su ataúd, caminé hasta el con mucho miedo, mis manos sudaban, las lágrimas rozaban mis mejillas, se volvieron incontenibles,
sabía que iba a encontrar en ese ataúd, no quería verlo, fui de prisa, y lo observé por menos de un instante.

Miré su bello rostro, el traje entero negro que llevaba,
Lo miré y no lo soporté, caí rendida en su ataúd.

Lluvia: