Iba un día de estos saliendo de la oficina con mi típica taza de café con leche y un cigarro,
cuando pasaba por la puerta estaba un señor con el que casi tropiezo, y como casi tropiezo,
tuve que tomar la taza y llevármela hasta mi boca para que el café no se regara, cuando hice
ésto, él me miró, y con una linda y cálida voz me dijo:
"Desería ser ése café para poder rozar tus suaves labios",
yo me quedé en shock, pero me encantó el piropo, él sonrió y continuó su camino.






